Nancy Meckler Cine lésbico

Basada en un hecho real en Le Mans, Francia en 1933.

La Sra. Danzard (Julie Walters) y su hija Isabelle son consideradas dos de las mujeres más respetables de la pequeña ciudad de provincia francesa en la que viven. Sus dos sirvientas, las hermanas Christine (Joely Richardson) y Lea (Jodhi May), cuidan de ellas con respeto y formalidad. Son la envidia de la comunidad por su eficiencia, caracteres sosegados y aspecto inmaculado. Sin embargo, esta tranquila existencia burguesa no es tan impecable como parece.

Todo cambia cuando la Sra. Danzard descubre que entre las dos sirvientas existe una relación extraña y perturbadora. A partir de ese descubrimiento, la situación en la casa se vuelve más tensa y claustrofóbica.

Narrado todo a partir de una mirada introspectiva y sensible, turba especialmente constatar cómo esa intensa relación casi patológica que une a las hermanas se va estrechando, hasta convertirse en un inicio de amor incestuoso que provoca en ellas el efecto contrario al tan ansiado consuelo. Su mundo se ve, así, reducido a esa habitación del ático en la que pasan sus pocas horas de asueto, entregadas a recuerdos dolorosos, lágrimas silenciosas y caricias, un mundo en el que los hombres no tienen cabida -la presencia masculina se ha eliminado por completo de la película, salvo la voz fuera de cuadro de un fotógrafo- acentuándose así la teoría del amor lésbico e incestuoso, del universo cerrado y asfixiante.

Mi querida hermana, a pesar de los galardones recibidos, no obtuvo una merecida repercusión. Conviene por lo tanto rescatarla de este injustificado olvido, y disfrutar así de un cine bien hecho, minoritario si se quiere por alejarse de temáticas o estilos más en boga actualmente.